El caminar titubeante
Meditación

El caminar titubeante

Cuando digo la palabra “cristianos” lo que se coloca ante mis ojos, es un camino. Muy lejos rebusco y veo el trabajo del Señor Jesús – fulgurante, impresionante en pasos castrenses, veo a través de las piedras y los pedruscos que se abre una puerta y los apóstoles siguiendo los pasos del Señor, veo cristianos que caminan y pasan encima de víboras y leones con confianza en su Dios. Veo hermanos que son asesinados, porque se niegan a decir que no conocen a su Dios, y con una sonrisa cálida, como el amanecer, reciben la muerte en sus brazos, sabiendo en Quien han puesto su fe.

Luego, un poco mas acá, en el camino siguen los cristianos libres de persecuciones, los hermanos más cerca de mi presente, son libres, andan entre el escombro, cojeando, lamentándose cada quien de sus problemas: tal vez una piedra apareció en su camino y se tropezó, tal vez empezó la lluvia en aquel camino. Sólo un pequeño número sonríen y brillan como faroles, sonrisas que se te pegan, mirando hacia delante, donde resplandece Dios.

Veo también los cristianos de hoy, nosotros. Estamos en aquel camino de la fe, apenas nos mantienen los pies parados, la esperanza apenas respira, la fe es tan mustia, chorreante. Son algunos hermanos que prefieren caminar solos, se aíslan. Otros lanzan piedras en los demás hermanos, el amor empieza a zambullirse. Muchos temblamos de miedo frente a las aflicciones, frente a la gente. Lo que veo son cristianos cansados, cansados de la vida, aunque tenemos libertad para oír la Palabra y repartirla osados, muy pocos lo hacemos, sobre todo la doctrina sana.

Somos flequillos, decepcionados, enfermos, porque la imagen de Dios se nos disipa, casi se desvanece. No lo miramos a Él, en cambio miramos el mundo, la tierra, y la vemos triste y sin esperanza. Pero nosotros olvidamos que aún no hemos llegado a casa, que estamos de paso. Se nos olvida tan seguido que Dios es nuestro Dios.

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