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Meditación

mirar
Meditación, Poema

MIRAR

Pasa que ver simplemente me da nauseas, me marea. Mis ojos se ven tan solitarios viendo la persona del espejo diciéndole que deje de mirar, que se ponga una banda para protegerlos. Continúa Leyendo

El caminar titubeante
Meditación

El caminar titubeante

Cuando digo la palabra “cristianos” lo que se coloca ante mis ojos, es un camino. Muy lejos rebusco y veo el trabajo del Señor Jesús – fulgurante, impresionante en pasos castrenses, veo a través de las piedras y los pedruscos que se abre una puerta y los apóstoles siguiendo los pasos del Señor, veo cristianos que caminan y pasan encima de víboras y leones con confianza en su Dios. Veo hermanos que son asesinados, porque se niegan a decir que no conocen a su Dios, y con una sonrisa cálida, como el amanecer, reciben la muerte en sus brazos, sabiendo en Quien han puesto su fe. Continúa Leyendo

La rotonda de la vida
Meditación

La rotonda de la vida

No tiraría al suelo con todo lo que soy, lo que creo, lo que amo, son cosas que valen la pena. No quiero dejar ni mi sombra pisotear encima de la sinceridad. Cuando me miro al espejo, fijo mi mirada en los ojos, quiero ver mi alma, quiero conocerme. Quiero estar segura de que ese azul es uno de diciembre, no uno congelado, de mayo. Continúa Leyendo

Mucho gusto en conocerte, mi Dios
Meditación

Mucho gusto en conocerte, mi Dios!

Cuando tomé por primera vez la Biblia en mis manos, decidida leerla de hoja en hoja, fue como si Dios me tendía la mano, y me decía: “Vamos, ahora vas a conocerme”. Ese fue el principio de mi vida, uno nuevo, vivo, intenso. Cada hoja de este libro me marcó centímetro con centímetro el alma, el cuerpo y la mente. Lo que me indignó después de haberla leído fue que yo me hacia llamar cristiana, aunque no sabia nada de este tema. Otra cosa que me atormentó realmente es: “como la gente prefiere tener como padre un mono, que a Alguien que supera todo, afuera de nuestro alcance de entendimiento, mas allá de lo que se ve”. Continúa Leyendo

La pobre manecilla bajo la manga
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La pobre manecilla bajo la manga

Me miré, como muchas veces lo hago (cada uno con su ego, grade o pequeño) y me di cuenta que soy un reloj, pero tengo fallas, las peores que puede tener un reloj: solo indico los segundos, me faltan manecillas. Lo pensé y creo que será porque yo en cada cuarta parte, mitad de un segundo, puedo resultar herida, muy fácil, demasiado fácil, como cuando rompes una flor y piensas que no le harás daño, pero antes de levantarlo y ponerla en tus manos, ya los pétalos se cayeron al suelo. Continúa Leyendo